Divertidos. Serios. (…¿Cómo es posible?) De lo mejor que se puede encontrar en libros infantiles. Cómodos y asequibles. El mejor regalo. Colección infantil Saber es Divertido.
Entrevista a su autor, por Karen Lentini
«No hay que temer el intercambio cultural
porque la cultura es patrimonio de todos
y, cuanto más diversa, más estimulante y mejor»
Gubb-ert
Gubb-ert visto por su
nieta de 3 años
SABER ES DIVERTIDO
Tres libros para niños escritos con delicadeza por Gubb-ert (Roberto R
Bravo), con simpáticas ilustraciones de Adriana Capinel y la asesoría pedagógica de Marly Canelón La Rosa, que hacen reflexionar
a grandes y pequeños. Porque Todos somos
de color café con leche y, si muchas
cosas pueden estar Al revés o al
derecho, al final todo es Natural o
Artificial…, aunque los límites no sean tan claros como parece.
Gubb-ert proviene de los campos de la filosofía de la ciencia y del lenguaje, pero prefiere jugar con las ideas, proponer malabarismos con las palabras, como un superhéroe abstracto dispuesto a correr riesgos, con la esperanza de que sus travesuras imaginarias ayuden a explorar conceptos y concienciar sutilmente a sus lectores, en un lenguaje familiar, sobre la naturaleza del pensamiento y la engañosa sencillez del mundo.
Gubb-ert proviene de los campos de la filosofía de la ciencia y del lenguaje, pero prefiere jugar con las ideas, proponer malabarismos con las palabras, como un superhéroe abstracto dispuesto a correr riesgos, con la esperanza de que sus travesuras imaginarias ayuden a explorar conceptos y concienciar sutilmente a sus lectores, en un lenguaje familiar, sobre la naturaleza del pensamiento y la engañosa sencillez del mundo.
ROBERTO R
BRAVO ES FILÓSOFO DE LA CIENCIA Y DEL LENGUAJE, PROFESOR,
ENSAYISTA, ESCRITOR Y TRADUCTOR. PERO ¿QUIÉN ES GUBB-ERT? ¿CÓMO PREFIERES QUE TE
DEFINA?
Me siento cómodo con cualquiera de esas
etiquetas. Porque son etiquetas. Las etiquetas que usamos y que pretenden
caracterizarnos socialmente son como trajes con los que nos ven los demás y
también como queremos que nos vean. Creo que la personalidad –no la mía, la de
cualquiera– no se reduce a la etiqueta de nuestra imagen ante los otros. Somos
mucho más. Pero ya que expresar lo que realmente somos es tan difícil, pienso
que al menos deberíamos sentirnos cómodos con el traje que usamos. Nunca me he
sentido limitado a una sola actividad. Todas esas facetas de lo que hago
expresan, quizás no exactamente lo que soy, que no lo sé muy bien, sino lo que
me gustaría, lo que quiero ser. Como autor de estos libros no soy Robert sino
Gubb-ert, que es como me llamaba mi hija (y lo escribía así mismo)
cuando tenía unos siete años, la edad aproximada de los niños a los que se
dedican estos libros.
HAS SIDO PROFESOR UNIVERSITARIO
DURANTE MUCHOS AÑOS, Y ESTÁS ACOSTUMBRADO A TRATAR CON JÓVENES Y
ADULTOS. ACABAS DE PUBLICAR EN FORMATO DIGITAL TRES LIBROS PARA
NIÑOS: TODOS SOMOS DE COLOR CAFÉ CON LECHE, AL REVÉS, NATURAL
Y ARTIFICIAL. ¿CUAL HA SIDO TU MOTIVACIÓN PARA ESCRIBIRLOS?
Mi motivación inicial,
hace ya tiempo, fueron mis hijos. Hablando de etiquetas, o de trajes, además de
todo lo que me gustaría o que quiero ser soy también padre, compañero, amigo,
desde hace poco tiempo abuelo…, y también niño. Creo que ser niño es muy importante.
Los adultos solemos olvidarnos con demasiada frecuencia del niño que hemos sido
y que sigue en nosotros, a veces quizás reprimido ahí dentro. Creo que hay que
dejar que se exprese. De una manera u otra siempre estamos jugando, como el
niño que va descubriendo el mundo: jugamos, a veces sin darnos cuenta, con las
ideas, con posibilidades, con nuestros sueños, con proyectos,
con la realidad que nos rodea y que creemos conocer… Mi motivación, además de
mis hijos, ha sido mi curiosidad, que he compartido y comparto con ellos (y con
todos los niños, de todas las edades), y la necesidad siempre presente de jugar
con las ideas, de expresar mediante juegos de lenguaje lo que nuestra
curiosidad nos lleva a descubrir o a inventar.
TENIENDO EN CUENTA QUE NO TODOS
DISPONEMOS DE DISPOSITIVOS ELECTRÓNICOS DE LECTURA, ¿CREES QUE EL FORMATO
DIGITAL ES UNA LIMITACIÓN PARA LLEGAR A LOS PEQUEÑOS LECTORES?
En un sentido
intelectual no lo creo. Mi nieta mayor, de solo tres años, ya maneja
dispositivos digitales con sus deditos. Es asombrosa la facilidad que tienen
los niños para estas cosas. Hay que pensar que estamos en una época de
información global, de medios que ponen el conocimiento al alcance de nuestros
dedos, literalmente. Lo que no quiere decir, desde luego, que toda la
información que nos llega por esos medios (o por cualquier otro) sea igualmente
válida, ni siquiera fiable. Pero ese es otro tema. El instrumento en sí es
valiosísimo, posiblemente más de lo que podemos calibrar en este momento
histórico. ¿Por qué no aprovecharlo? Sobre todo si pensamos en las enormes
posibilidades que abre al conocimiento, a la cultura, incluso a las relaciones
personales. Hay mucha polémica hoy sobre estas cosas. No hablo
del uso bueno o malo que pueda hacerse de las tecnologías digitales,
ya que puede hacerse buen o mal uso de cualquier cosa, desde las tecnologías
más primitivas hasta las futuras, sino del instrumento como tal. Si lo usamos
adecuadamente, sus potencialidades son enormes.
Por otra parte,
desafortunadamente no todo el mundo tiene esta tecnología a su alcance, al
menos todavía hoy. En este sentido sí, el formato digital es una limitación,
sobre todo en determinados países. Mi intención fue siempre publicar los libros
en papel, pero por una serie de razones ha habido dificultades técnicas muy
específicas con el formato impreso que no hemos podido resolver. Así que, de
momento, hemos tenido que limitarnos al formato digital. Si esos problemas se
resuelven, espero que podamos llegar a un número mayor de personas. Y
también porque el libro impreso aporta otras características (no ventajas,
porque cada cosa tiene sus ventajas y sus inconvenientes): entre ellas la sensación
táctil, el olor, poder pasar las páginas con la mano… Cosas que, aparte de ser
muy placenteras para quienes seguimos amando el libro impreso, permitirían
llegar a más lectores, con tecnología digital o sin ella.
JORDI NOMEN PLANTEA QUE A LOS
NIÑOS HAY QUE ENSEÑARLES A FILOSOFAR. ¿CUÁL SERÍA LA EDAD IDEAL PARA ESO?
¿ESTOS CUENTOS PODRÍAN SER UNA INTRODUCCIÓN A LA FILOSOFÍA DE MANERA
DIVERTIDA?
La edad ideal para
filosofar es desde que nacemos y durante toda la vida. Filosofar es plantearse
las cosas con actitud crítica –lo que significa capacidad de discernir, de relacionar,
de precisar, de elucubrar… Algo que empieza a hacer el niño desde que nace,
construyendo el pensamiento y la imaginación a partir de su percepción del
mundo, y reconociéndolo y ordenándolo mediante el lenguaje. Como decía
Aristóteles, siempre estamos filosofando. Es una actividad tan inherente a
nosotros que nos pasa desapercibida, como el acto de respirar. A veces te
encuentras con gente que dice desconocer la filosofía, y algunos que hasta la
ven ajena, sin saber que es lo que han estado haciendo toda la vida. Como el
personaje de Molière que había estado hablando en prosa toda su vida –como todos
nosotros– sin saberlo.
Estoy plenamente de
acuerdo con Jordi Nomen, aunque yo cambiaría la palabra "enseñar" por
plantear, proponer. Porque la filosofía, más que enseñar, básicamente propone
posibilidades, plantea dudas, que son el motor del
conocimiento. ¿Filosofía para niños? Por supuesto. Si ellos ya son filósofos…
"Enseñar" filosofía (no me gusta esa palabra) sería simplemente
facilitar la toma de conciencia de lo que hacemos como seres pensantes, que no
es sino jugar (esta palabra sí me gusta) con lo que percibimos, con las ideas
que tenemos de las cosas, con lo que hacemos con ellas, con lo que sabemos o
creemos saber. Y esto va desde nuestras primeras sensaciones hasta la construcción
del pensamiento científico. Es ayudar a mantener presente esta actividad mental
tan fundamental del ser humano de modo que cada quien pueda desarrollar su
potencial hasta donde quiera desarrollarlo, con libertad de pensamiento para
ser libres y con conciencia para ser comprensivos con los demás, para ser
mejores personas. Los libros que acabo de publicar pretenden servir a ese
proceso, simplemente jugando, con sugerencias que pueden parecer disparatadas e
ideas divertidas. Porque "saber es divertido". Creo sinceramente en
el lema de la colección, porque he podido comprobarlo en infinidad de
ocasiones.
Gubb-ert con Hellboy en la Feria del
Comic
(foto
cortesía de Marly Canelón)
TIENES UNA LARGA
TRAYECTORIA COMO TRADUCTOR (HAS TRADUCIDO DOS LIBROS DE JOSEPH CAMPBELL,
ALGÚN ENSAYO DE POPPER, Y UNA VARIEDAD DE TEXTOS DE FILOSOFÍA, PSICOLOGÍA,
HISTORIA, ARTE...). APARECEN INCLUSO ALGUNOS TÍTULOS PARA NIÑOS. ¿HAN TENIDO
ALGUNA INFLUENCIA ESTOS ÚLTIMOS SOBRE LOS LIBROS QUE AHORA PUBLICAS?
Supongo que la
respuesta "objetiva" a esta pregunta es que no, ya que los escribí
antes de empezar a traducir libros para niños, que, por otra parte, fueron una
agradable experiencia. Pero desde un enfoque junguiano diría que sí…, si es
posible que los acontecimientos significativos de la vida de una persona
influyan retroactivamente en el tiempo. Porque muchas de las ideas de estos
libros, mientras permanecían sin publicar, las volví a encontrar en la
literatura para niños que traduje después: lo parecidos que somos a pesar de
nuestras aparentes diferencias, la importancia de nuestra relación y de nuestra
responsabilidad con la naturaleza, lo divertidos que pueden ser los juegos de
palabras y, sobre todo, las ideas que encierran. ¿Ves? La filosofía sirve para encontrar
relaciones inesperadas entre las cosas. Y eso es divertido.
SI ESTOS
LIBROS LOS HAS ESCRITO HACE YA TIEMPO, ¿POR QUÉ NO LOS HABÍAS PUBLICADO?
Los libros no se
publicaron antes porque las editoriales a las que acudí no quisieron
publicarlos. "No encajan en nuestras colecciones", me decían. Pero a
todo el que los veía le encantaban. Así que, finalmente, decidí prescindir de
las editoriales tradicionales y lanzarlos en formato digital, cuando descubrí
que estaba a mi alcance. Es otra de las razones por las que no cuentan
–todavía– con versión impresa.
EN LA FERIA DEL LIBRO DE MADRID
DE ESTE AÑO, POR PRIMERA VEZ LOS TRADUCTORES ESTUVIERON REPRESENTADOS
EN UNA CASETA. ¿ESTÁS DE ACUERDO CON LA DEFINICIÓN DEL TRADUCTOR COMO UN
"SEGUNDO AUTOR"?
Desde luego. Javier
Marías ha resumido en forma admirable al traductor como "un escritor
privilegiado que tiene la oportunidad de reescribir obras maestras en su propia
lengua". La clave está en la palabra reescribir. Traducir no
es simplemente cambiar un código de comunicación por otro. Cada lengua es una
manera de interpretar el mundo, que conlleva una amplia riqueza de componentes
históricos y psicosociales. Por eso el traductor lo que hace propiamente es
reescribir, desde la óptica de una cultura y también, muchas veces, de un
momento distinto, lo que el escritor quiso expresar en su propio ámbito usando
otro lenguaje. La diferencia puede ser tan grande que abarque épocas y culturas
separadas por siglos y distancias o tan pequeña que requiera solo lo que llamaríamos
una adaptación moderna, como leer el Quijote hoy día.
Versionar, desde una perspectiva sociocultural, no es muy distinto de traducir
(Jakobson lo llamó traducción intralingüística). Basta con leer las primeras
líneas del Quijote y ya tropezamos con modos de expresión en desuso, aunque
todavía comprensibles ("no ha mucho tiempo"), y otros que no lo son
tanto, con alusión, por ejemplo, a tradiciones ("duelos y
quebrantos los sábados") que hoy resultan ajenas a la mayoría de los
lectores. Si esto sucede dentro de nuestro propio medio cultural, se entenderá
la dificultad de representar en la lengua del lector actual lo que un escritor
de otro entorno cultural ha escrito en la suya, hace tiempo o
incluso hoy mismo.
El traductor está
obligado a ser un conocedor no solo de la lengua y la cultura a la
que traduce, sino también de la que traduce para entender a
cabalidad las referencias históricas y culturales involucradas. Pero eso es
solo la condición previa. El trabajo realmente difícil es encontrar equivalentes
de las expresiones, no solo descriptivos como lo haría un diccionario, sino con
la connotación y las implicaciones de cada término, el contenido y las
relaciones intratextuales, el tono preciso del discurso, la intencionalidad, la
imaginación tras las palabras… El traductor, para hacer bien su trabajo, se ve
obligado a ser un especialista tanto en el lenguaje como en sus interconexiones
psico-socioculturales e históricas. En una palabra, tiene que ser escritor. La
de traductor es una actividad que, a pesar de sus dificultades, resulta
personalmente muy agradable –y también divertida– pero mal reconocida. No solo
por el lector ocasional, atareado en otras cosas, en quien ese desconocimiento
del trabajo que implica el libro que tiene en sus manos podría ser
comprensible, sino incluso por quienes, por su profesión, deberían respetar más
la tarea del traductor. Me refiero a los editores, y también a muchos
correctores y equipos editoriales. En general, claro, porque hay honrosas
excepciones. El riesgo de esta última aclaratoria, que casi preferiría no
hacerla, es que todo el que debería sentirse aludido se sitúa mentalmente en la
excepción y atribuye la crítica a los demás. Por eso quiero insistir en que las
excepciones son muy, muy pocas. (Y seguramente usted, editor o corrector que
está leyendo esto, no es precisamente una excepción.) Sí, me parece una
excelente idea que se incorpore el reconocimiento a los traductores en la feria
del libro. No solo es un reconocimiento justo sino necesario –como dice cierta
liturgia de cuyo nombre no quiero acordarme... Y también debería figurar el
nombre del traductor en la portada del libro, como el segundo autor que es, tal
como se hace en otros países. Aunque esta iniciativa haya partido de los
traductores mismos, y no de quienes debieron haberlo hecho.
AL REVÉS, NATURAL Y ARTIFICIAL… ¿SON CONCEPTOS DIFÍCILES DE APRENDER O DE EXPLICAR?

Fotos de los libros
cortesía de letraminúscula.com
TODOS SOMOS DE COLOR CAFÉ CON LECHE PLANTEA DE MANERA MUY SENCILLA LAS DIFERENCIAS IRRELEVANTES ENTRE LOS SERES
HUMANOS Y LO QUE NOS UNE. ¿POR QUÉ ES NECESARIO REFLEXIONAR SOBRE ESTO?
Con nuestros semejantes (por algo los
llamamos "semejantes") nos sucede un poco lo que comentaba antes
sobre el respirar. Somos todos tan… semejantes que damos
nuestras semejanzas por descontado y, en consecuencia, nos llama más la
atención lo que parece distinto: el color, los rasgos faciales, desde luego el
idioma, la manera de vestir o las costumbres cuando son distintas de las
nuestras. No reparamos en que todos respiramos el mismo aire, todos reímos y
lloramos en ciertos momentos de nuestras vidas, todos tenemos que comer y
dormir, todos queremos ser felices, todos amamos, todos necesitamos ser
queridos. Abundan los estudios psicológicos, genéticos y antropológicos que
demuestran que nuestras aparentes diferencias son mínimas y básicamente
culturales, debido al desarrollo histórico relativamente independiente de los
pueblos, más o menos aislados unos de otros hasta épocas históricamente
recientes. Parece anacrónico y un signo de evidente retroceso que en estos
tiempos de apertura, de aceptación de la diversidad y de establecimiento de
vías comunicantes en todos los sentidos, haya quienes se empeñen en levantar
muros y rechazar a quienes perciben como diferentes cuando lo que nos
diferencia es, en el fondo, tan poca cosa. Creo que la obsesión por el rechazo
y la exclusión provienen de una mala comprensión de los valores culturales
propios y ajenos, y del desconocimiento de
los procesos históricos. Las épocas de mayor progreso han sido las de
mayor intercambio cultural. La variedad aporta riqueza: nos hace más
inteligentes, comprensivos y mejores. No hay que tener miedo a los
cambios. No hay que imponer leyes protectoras ni levantar barreras –que a
la larga tampoco sirven de nada– para proteger los propios valores porque los
valores que ameriten conservarse se mantendrán por sí mismos. Además, siempre
habrá quienes se interesen por las tradiciones, hasta las más antiguas. ¿No hay
acaso especialistas en lenguas y culturas desaparecidas? Las culturas
cambian con el tiempo. Las lenguas evolucionan. Los valores se
cuestionan, se revisan: es lo que hacen siempre las nuevas generaciones.
Nuestras ideas, nuestra concepción del mundo y de los demás mejoran con la
comunicación, la divulgación y el intercambio. No hay que temer el
intercambio cultural, porque la cultura es patrimonio de todos y, cuanto más
diversa, más estimulante y mejor. Es lo que intenta transmitir Todos
somos de color café con leche… Porque todos estamos hechos de lo mismo.
Entrevista originalmente publicada en RV–Revista Venezolana.com
-->Entrevista originalmente publicada en RV–Revista Venezolana.com
Ver los libros