viernes, 9 de noviembre de 2012

Se buscan políticos honestos

Para ser ministro de cualquier cosa, o presidente de un país, sólo hay que meterse en la política. Es la única profesión donde la formación no es imprescindible, donde el curriculum no tiene importancia, donde haber estado preso es un mérito, donde puedes enriquecerte de la manera más sencilla, donde puedes alimentar tu desmesurado ego imponiendo tu voluntad a los demás, donde puedes mentir con el mayor descaro, donde siempre puedes echarle las culpas a otro impunemente, donde puedes hacer cualquier desastre y despedirte con una pensión de lujo... ¡incluso con honores! ...¿Cómo no va a estar la clase política llena de sinvergüenzas?

7 comentarios:

  1. Hemos coincidido en tema y en punto de vista.

    Un saludo

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  2. ¡Corto, pero contundente! Es cierto: en cualquier trabajo te piden requisitos personales de ingreso; en éste, no. ¿Realmente no hacen falta? No se trata de llegar a los extremos platónicos que, por otra parte, a veces no dan la necesaria dosis de causa-efecto que esperaba el filósofo, pero la indiferencia total en ese aspecto tampoco puede conducirnos por buen camino. El problema es: ¿cómo controlar? ¿cómo medir?

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  3. Por todos esos motivos,yo no podría ser política, porque me gano el pan con mi esfuerzo, porque odio la mentira , y aunque tampoco tengo formación, sí tengo verguenza. Dí que sí Roberto, más claro agua.

    Un beso.

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  4. Más que honestos, que también, con sentimientos.

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  5. Muy cierto, Nicolás. Lo que está pasando con los desahucios es otra demostración de la falta de humanidad de los políticos tanto como de la banca.

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  6. Un señor que va en coche y se percata de que está perdido, maniobra y pregunta a alguien en la calle:

    – ¡Disculpe!, ¿podría usted ayudarme? He quedado a las 2:00 con un amigo, llevo media hora de retraso y no sé dónde me encuentro!

    – Claro que sí –le contesta–. Se encuentra usted en un coche, a unos 7 km del centro de la ciudad, entre 40 y 42 grados de latitud norte y 58 y 60 de longitud oeste.

    – Es usted ingeniero, ¿verdad? –dice el del coche.

    – Sí señor, lo soy. ¿Cómo lo ha adivinado?

    – Muy sencillo, porque todo lo que me ha dicho es "técnicamente correcto", pero "prácticamente inútil": continúo perdido, llegaré tarde y no sé qué hacer con su información.

    – Usted es político, ¿verdad? –pregunta el de la calle.

    – En efecto –responde orgulloso el del coche– ¿cómo lo ha sabido?

    – Porque no sabe dónde está ni hacia dónde se dirige, ha hecho una promesa que no puede cumplir y espera que otro le resuelva el problema. De hecho, está usted exactamente en la misma situación que estaba antes de preguntarme, pero ahora, por alguna extraña razón, parece que la culpa es mía...

    (Extraído del último número de la revista electrónica "Continuidad y cambio")

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