domingo, 29 de mayo de 2011

Indignación


Pocas palabras ante la brutalidad y la barbarie vividas el pasado viernes 27 de mayo durante 6 horas de carga policial contra manifestantes pacíficos en la Plaza Cataluña de Barcelona, que protestaban siguiendo el movimiento que se inció el 15 de este mes en la Plaza del Sol de Madrid contra la corrupción política, los abusos de la banca y los mercados, y lo escasa o nulamente representados que se sienten los ciudadanos por parte de los partidos políticos.

Nunca imaginé ver semejante muestra de salvajismo y abuso de poder en la España democrática y plural europea del siglo XXI. Una clara muestra de que los derechos ciudadanos son lo que menos les importa a los políticos de turno, y de que los individuos pertenecientes a los organismos represores carecen de toda ética y dejan de ser personas ante las nefastas "órdenes superiores", dignas de infames gobiernos totalitarios que parecían superados en la España postfranquista.

¿Conciencia ciudadana? La de los manifestantes y su movimiento, que ha crecido con inusitada rapidez desde su reciente inicio, y se ha visto reforzado aún más por la indigna y desmesurada respuesta del sistema. Siguen creciendo los grupos que piden "Democracia Real Ya" no solo en muchas ciudades de España, grandes y pequeñas, sino también en otros países de Europa donde esta iniciativa popular que reúne gente de todas las edades y procedencias ha tenido un creciente eco.

Tan solo dos horas después de la inusitada carga policial contra ciudadanos pacíficos en el libre ejercicio de sus derechos, en la que hubo más de 120 heridos, ya había más de 10.000 firmas pidiendo la dimisión del recién nombrado Consejero de Interior del Gobierno de Cataluña, denuncia a la que se han unido algunos organismos y partidos políticos. El Parlamento catalán ha pedido su comparecencia para explicar los hechos, y el Defensor del Pueblo ha abierto una investigación para determinar si se han vulnerado los derechos de las personas, y de momento ha señalado que los policías no iban debidamente identificados. Apenas un par de horas después del brutal desalojo, muchos más ciudadanos, apoyados de cerca y de lejos por numerosas voces, empezaron a reunirse nuevamente en la Plaza Cataluña, y su número ha seguido creciendo. Las razones, las mismas: discutir y presentar propuestas para depurar el sistema político y económico de los vicios con los que atenazan a la democracia, la libertad y el bienestar ciudadano, ahora con más fuerza, en respuesta siempre pacífica a la violencia del sistema.

Pero cualquiera que sea la repercusión que pueda tener o no el movimiento, el hecho es que se han vulnerado derechos básicos de libertad de reunión y manifestación por parte de un poder político abusivo y bestial que desconoce en la práctica el estado de derecho y el respeto a los ciudadanos que dice representar.

Un tupido velo de vergüenza e indignidad cae sobre el cuerpo policial de los Mossos d'Esquadra y de los todos los responsables políticos (no solo el funesto Consejero de Interior) de Cataluña y de España. Espero que se llenen de vergüenza tanto a nivel nacional como internacional. Y, por supuesto, que haya acciones legales.