sábado, 15 de mayo de 2010

¿Dónde está la dignidad de España?

¿Dónde está la dignidad de España?

Se ha cometido un crimen. Un gobierno ha encarcelado y asesinado sistemáticamente a sus opositores, secuestrado y "reeducado" a sus hijos en familias e instituciones adictas al régimen, para borrar de su memoria sus orígenes junto con cualquier rastro de pensamiento "subversivo". Ese gobierno totalitario surgió de una sublevación golpista contra el gobierno legítimo, iniciando una guerra fratricida que se cobró un millón de muertos, según cálculos, pero la cifra nunca se sabrá por las ejecuciones en masa y sin juicio, la destrucción y falsificación de documentos, la censura y el control absolutos, y porque los cadáveres de hombres, mujeres y niños, a veces de poblaciones enteras, yacen todavía en fosas comunes excavadas en los campos y al borde de los caminos. Ese gobierno mantuvo la represión, la persecución, los encarcelamientos, los juicos sumarísimos y las ejecuciones durante los cuarenta años que duró su régimen de terror.

Los crímenes de genocidio y de lesa humanidad no prescriben, y no hay ninguna ley de amnistía, anterior o no, que sea aplicable. Los acuerdos internacionales son de cumplimiento obligatorio por parte de los países firmantes.

España ha defendido estos principios internacionalmente, en su propia persecución de crímenes de genocidio y lesa humanidad en otros países.

Pero el Tribunal Supremo español detiene la investigación de esos crímenes en su propio país, aceptando la alegación de grupos políticos herederos del régimen dictatorial sobre la existencia de leyes de aministía que España ha declarado inaplicables en otros países, y contrarias a los tratados internacionales firmados por España.

España exhibe dos caras: una ante el mundo y otra ante la aspiración de justicia de sus propios ciudadanos.

Los principales perpetradores de esos crímenes ya han muerto. No así las víctimas, hijos sobrevivientes y nietos de los asesinados que yacen todavía en fosas comunes, tirados en zanjas, seguramente muchas aún no descubiertas. Muchos otros hijos y nietos de los asesinados no saben siquiera que lo son, porque fueron criados por familias adictas a la dictadura, educados en instituciones totalitarias, con documentos falsos. Quizás algunos de quienes presentaron esos alegatos sean hijos o nietos de asesinados, y ellos mismos, sin saberlo, víctimas. 

Ya no se puede castigar a los culpables principales, pero sí recuperar esos restos humanos, restablecer la justicia histórica, devolver su dignidad a las víctimas.

La obligación de los jueces es hacer justicia. Los crímenes de la dictadura son notorios y harto conocidos. ¿Dónde están los jueces que deben aplicar la justicia ante su conocimiento de estos crímenes?

Alemania acaba de abrir un centro de exposición y documentación de uno de sus períodos históricos más siniestros en pleno núcleo urbano de su capital. El "Topographie des Terrors", justamente donde estaban situadas las instalaciones de las SS y la Gestapo. Un recordatorio de lo que no debe volver a pasar. Porque es historia, y porque la memoria histórica lo requiere, como un paso doloroso pero inevitable para recuperar la dignidad de un país. Un valiente gesto de reconocimiento para generaciones futuras, sin falsedades, sin defensas retorcidas, sin ocultamientos.

Pero en España, al parecer, el dictador dejó, según sus propias palabras, "todo atado, y bien atado".  Y sus seguidores fascistas hablan descaradamente de "triunfo de la democracia y el estado de derecho" ante la suspensión de la investigación por parte del Tribunal Supremo sobre los crímenes fascistas. Vergüenza debería darles. La que sentimos hoy todos los ciudadanos honestos ante el mundo culto y civilizado.